Al igual que el lenguaje es el medio por el cual nos comunicamos y entendemos, la humanidad siempre ha fijado parámetros que permitan alcanzar la comprensión lo más precisa posible del mensaje. Es por ello que se crearon unidades universales que facilitaron el "ponerse de acuerdo" ante cualquier definición, como ser un intercambio de bienes o simplemente una descripción de un objeto.
Metros, kilos o segundos del Sistema Internacional de Unidades (como todo sistema de medidas) permite acordar una base sobre el que todos estamos de acuerdo, podemos comprender y medir.
Sin embargo, el avance tecnológico y los nuevos modelos de negocios (con unidades artificiales de ventas) nos han conducido a nuevas unidades que han generado incomprensiones, desencuentros, frustraciones y engaños. Sin ir mas lejos, los MB (megabyte) y su diferencia con los Mb (megabit) o Mbps (megabits por segundo) no es algo claro en la mayoría de los clientes de servicios de datos, así como la relación entre kilo o litro del helado o bien el pulso telefónico de algunas regulaciones.
Al cliente no le es fácil medir lo que está comprando, y más allá que el producto ofrecido cubra exactamente lo ofrecido, nada impedirá que se pueda sentir estafado justamente.
Quizás sea hora de empezar a hacernos la vida mas fácil a todos: ofrecer productos o servicios sobre unidades entendibles, o bien incorporarle atributos que faciliten su entendimiento, como ser accesos a medidores o mensajes de alerta.
Un producto o servicio admirado es aquel que cubra nuestras expetativas. Si ni siquiera podemos medirlo, cómo podremos admirarlo sin saber si efectivamente alcanzó el nivel esperado ofrecido desde la venta? Nos tendremos que basar en la percepción y cualquier desviación llevará sin duda a la sensación de engaño con retroactividad desde el inicio de la primera compra.